El primer tratado internacional sobre comercio de armas y la teoría del pájaro en mano

Después de años y años de trabajo incansable de diversas ONG de todo el mundo, se ha conseguido que la ONU apruebe casi por unanimidad un tratado internacional que supervise y regule el comercio de armas. Una pena que la ONU sea un organismo de lo más inoperante y que este tratado nazca un tanto cojo y tal vez un poco tuerto. De todos modos, como reza el dicho, más vale tratado en mano que bombas volando. Peor era antes cuando no existía el tratado y ningún tipo de regulación. Al menos ahora los países exportadores y las empresas armamentísticas se lo tendrán que trabajar un poco más para eludir controles y vender armas a indeseables.

Primero lo negativo. Un tratado aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas es como las proposiciones de enmienda que todos acostumbramos a hacer cuando llega el nuevo año: las mantenemos durante unos meses pero luego siempre encontramos las triquiñuelas y excusas necesarias para saltárnoslas o demorar su puesta en marcha. Este tratado ha contado con el voto a favor, entre otros, de los Estados Unidos, con la abstención de 23 países, Rusia y China entre ellos, aunque con el voto en contra de Irán, Siria y Corea del Norte. Ahora tiene que ser ratificado por 50 estados miembro para que tenga validez legal como tratado internacional. Que 50 estados lo aprueben no será muy complicado. España ya lo hizo en su día por unanimidad de todos los partidos. Lo que será complicado es que sea ampliamente respetado ya que legislación internacional y en concreto la de la ONU son de facto “orientativas” a pesar de ser teóricamente vinculantes para los países firmantes. En la ONU los cinco grandes del Consejo de Seguridad tienen poder de veto y para plantear mil excepciones a la norma. Luego están las estratagemas y juegos malabares que se podrán hacer para eludir el control o para maquillar los números.

Pero no todo ha de ser negativo. Ahora, lo positivo. El hecho de que 154 estados hayan votado a favor y 23 no lo hayan hecho en contra es un gran avance y un reconocimiento a la tarea ardua realizada por las ONG que luchan por la justicia y los derechos humanos. El tratado busca impedir que armas convencionales sean utilizadas en ataques contra la población civil. El tratado incluye los tanques, los vehículos blindados y aviones de combate, los sistemas de artillería de gran calibre, helicópteros de ataque, barcos de guerra, misiles y lanzamisiles, así como las armas ligeras. La organización Armas Bajo Control puede estar de enhorabuena. Jordi Armadans, director de FundiPau habla de “nueva era” y de que ahora los traficantes lo tendrán más complicado (aunque en mi opinión, no imposible). Poco a poco se demuestra que la ciudadanía tiene más fuerza para imponer la cordura, aunque sea a paso de tortuga. Poco a poco se va a conseguir que, por mediación de las ONG y entidades que nos representan, este mundo sea cada vez más un lugar mejor para que nuestros nietos y nietas puedan vivir en paz y en armonía.

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